Lugar de Origen: Ciudad de México, México y Barcelona, España
Año de Fundación: 2023
Miembros: Lara Muslera y Giancarlo Banfanti
Sin lugar a dudas una de las tareas más complejas por las cuales todos tenemos que atravesar en vida para llegar a la maduración emocional y al entendimiento de nuestra propia persona es el llevar a cabo un riguroso análisis con respecto a la relación que formamos con nuestros padres sobretodo de pequeño.
La base del arte de la terapia psicológica, el acto resulta tan doloroso como lo es beneficioso y muestra el rastreo a la raíz de todas nuestras relaciones posteriores, así como de nuestras necesidades afectivas y de reconocimiento. Un ejercicio de completa introspección en el cual accedemos a nuestro superyó más crudo, feo, y frágil, pero sincero.
Es un ejercicio similar al que se lleva a cabo en la creación artística, un proceso de auto-descubrimiento en donde el resultado final se basa en una sola cosa: El nivel de pureza, la sinceridad que el creador vierte en su obra. Es por todo esto que la propuesta de El Bardo resulta en un gran aliento de frescura.
Todo comenzó cuando el productor mexicano Giancarlo Banfanti, famoso instrumentista de San Pascualito Rey, estaba tomando un descanso en la ciudad de Barcelona. Entre fiestas y noches en casas desconocidas, se topó con una poeta española, Lara Muslera. Ambos compartieron ideas sobre el arte, pero también sobre sus vidas… Y lo mucho que sus padres influyeron en ella.
Con el tiempo, su encuentro derivó en un camino claro: La creación de un proyecto, El Bardo, en el cual integrarían sus propios conocimientos. Piezas melancólicas de spoken-word sobre el amor a la familia con un trabajo musical de fondo, complejo y hermoso, que complementa a la perfección la intención emotiva de los textos de Lara, cartas inteligentes en donde se desprende de los dolores de sus padres y los convierte en muestras de amor.
El resultado son dos sencillos que derivarán en un álbum. Dos sencillos que nos transportan a otro mundo en donde el pop no existe y en donde los músicos son narradores de historias, poetas que se sientan a un lado de la ventana y permiten que las atmósferas y los ritmos alimenten a sus palabras.