Otra vez con los pies descalzos, Steven Wilson caminó hacia el centro del escenario entre la oscuridad y levantó por primera vez las manos. Como si rociara agua a través de sus dedos, flexionó las muñecas en dirección al cielo que afuera seguía nublado y que allí dentro tenía a la luna llena de los mil rostros. No había tocado ningún instrumento, ni siquiera había abierto la boca para pronunciar nada, y ya todos le aplaudíamos de pie. En un instante aquel espacio se llenó de luz.
‘Luminol’ fue la primera sensación: un halo de armonía, de paz, de quietud, se generó entre nosotros que a momentos, los más, nos mantuvimos de pie, y otros, sentados. Fue una difícil decisión el cómo observarlo: la música de Wilson conduce a tantos pasajes (meramente instrumentales, progresivos, baladísticos, electrónicos, jazzísticos, metaleros…) que uno podría andar en moto o simplemente cerrar los ojos y escuchar ‘Drive Home’.
Aunque la magia tiene su lógica cuando detrás de ti están Guthrie Govan (guitarra), Adam Holzman (teclado), Theo Travis (sax, flauta, clarinete), Nick Beggs (bajo) y Chad Wackerman (batería). Sin ellos quizá todo se quedaría en un CD y difícilmente uno podría remontarse al recuerdo de una cocina incendiada por la melancolía. ‘Postcard’ fue la segunda sensación: descubrió en cada uno de nuestros ojos el llanto. ‘Deform to Form a Star’ o ‘Insurgentes’ no se fueron tan lejos. Aún estábamos en el cielo, el de aquella luna de los mil rostros que seguía observándonos. O quizá eran nuestros rostros los que se proyectaban en ella, quieta y apacible, atravesada lentamente por nubes que bien pudieron ser nuestros miedos.
‘The Holy Drinker’ alcanzó a devolvernos el júbilo poco antes de que la sórdida y profunda imaginación de Wilson proyectara insectos en un telón transparente. Antes de que éstos caminaran en nuestros oídos como acordes rapaces y el reloj quisiera devorarnos con su tic-tac que marcaba el tiempo de ruidos ininteligibles. ‘Raider II’ fue la tercera sensación. Y entonces el cuervo cantó. ‘The Raven That Refused To Sing’ nos hizo escucharlo.