Steven Wilson en el D.F.

// Por: Staff

mié 15 mayo, 2013

Artista: Steven Wilson

Lugar: Teatro Metropólitan

Fecha: 14 May 2013

Otra vez con los pies descalzos, Steven Wilson caminó hacia el centro del escenario entre la oscuridad y levantó por primera vez las manos. Como si rociara agua a través de sus dedos, flexionó las muñecas en dirección al cielo que afuera seguía nublado y que allí dentro tenía a la luna llena de los mil rostros. No había tocado ningún instrumento, ni siquiera había abierto la boca para pronunciar nada, y ya todos le aplaudíamos de pie. En un instante aquel espacio se llenó de luz.

STEVE WILSON METROPOLITAN 05 ‘Luminol’ fue la primera sensación: un halo de armonía, de paz, de quietud, se generó entre nosotros que a momentos, los más, nos mantuvimos de pie, y otros, sentados. Fue una difícil decisión el cómo observarlo: la música de Wilson conduce a tantos pasajes (meramente instrumentales, progresivos, baladísticos, electrónicos, jazzísticos, metaleros…) que uno podría andar en moto o simplemente cerrar los ojos y escuchar ‘Drive Home’.

STEVE WILSON METROPOLITAN 10 Aunque la magia tiene su lógica cuando detrás de ti están Guthrie Govan (guitarra), Adam Holzman (teclado), Theo Travis (sax, flauta, clarinete), Nick Beggs (bajo) y Chad Wackerman (batería). Sin ellos quizá todo se quedaría en un CD y difícilmente uno podría remontarse al recuerdo de una cocina incendiada por la melancolía. ‘Postcard’ fue la segunda sensación: descubrió en cada uno de nuestros ojos el llanto. ‘Deform to Form a Star’ o ‘Insurgentes’ no se fueron tan lejos. Aún estábamos en el cielo, el de aquella luna de los mil rostros que seguía observándonos. O quizá eran nuestros rostros los que se proyectaban en ella, quieta y apacible, atravesada lentamente por nubes que bien pudieron ser nuestros miedos.

STEVE WILSON METROPOLITAN 01 STEVE WILSON METROPOLITAN 02 STEVE WILSON METROPOLITAN 03 STEVE WILSON METROPOLITAN 04 ‘The Holy Drinker’ alcanzó a devolvernos el júbilo poco antes de que la sórdida y profunda imaginación de Wilson proyectara insectos en un telón transparente. Antes de que éstos caminaran en nuestros oídos como acordes rapaces y el reloj quisiera devorarnos con su tic-tac que marcaba el tiempo de ruidos ininteligibles. ‘Raider II’ fue la tercera sensación. Y entonces el cuervo cantó. ‘The Raven That Refused To Sing’ nos hizo escucharlo.

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