Coachella 2013, día 3: RHCP, James Blake, Nick Cave and the Bad Seeds y más #WARPenCoachella
El tercer día de Coachella no es lo que se podría imaginar en cuanto a tristeza y trauma postfestival. Desde el principio, el drama queda a un lado para vivir al máximo las últimas horas, quedando todavía decenas de artistas esperando su turno. El único sentimiento que se siente en el aire es el de querer terminar el fin de semana agotando las ultimas reservas de energía, sin pensar que el lunes siquiera exista.
Smith Westerns dio muestra en vivo de su nuevo sencillo, ‘Varsity’, y más material de “Soft Will’”, a estrenarse en junio, y Cloud Nothings dio la rendición de diez minutos de ‘Wasted Days’, creando emociones entre la bruma de distorsión. The Oh Sees es una de las bandas mas energéticas en vivo de esta década, y lograron que el público se llenará de golpes y empujones al ritmo de su garage rock desmedido, mientras DIIV convertía una vez más el dream pop que suena en su disco de estudio en post-punk golpeado y latente, siendo mucho más atractivo a la hora de dar vueltas con sus guitarras.
Jessie Ware se encuentra en las primeras semanas del arranque de su conquista de América, con “Devotion” estrenado en estas tierras y el sencillo ‘If You’re Never Gonna Move’, que es solo ‘110%’ con otro nombre por cuestiones legales. Su énfasis en la cadencia de su voz y una banda que se sacrifica por tener el groove perfecto cautivaron a mucho viejos y nuevos fanáticos. Grimes hizo sufrir al escenario Gobi al reunir más gente de la que cabe dentro, y en un mar de sudor, dio vida de día a un show nocturno, y junto con sus bailarinas de apoyo, mantuvo al público en un estado de alerta, reventado con sus hits ‘Genesis’ y ‘Oblivion’.
James Blake no podía parar de sonreír en su presentación, y con el seguimiento que se le ha dado por todos lados a su nuevo álbum “Overgrown”, por donde se le vea se encuentran razones para esto. La experiencia de verlo en vivo es mucho más relevante en un festival con un sistema de sonido como Coachella, porque el bajo de ser un instrumento para convertirse en una sensación corporal. El coro de ‘Limit to Your Love’ hizo vibrar cada parte del cuerpo, dando la idea de que algo estaba a punto de hacer erupción. Y así fue, porque minutos después, RZA sorprendió todos al salir al escenario y ejecutar su track con James Blake ‘Take a Fall for Me’, dedicándoselo directamente a una chica en el escenario.
Recibido como ídolo, Rodríguez gozo de una ovación durante todo su trayecto al pie del micrófono, y una vez ahí agradeció por el gesto antes de entregarse de lleno a unas rendiciones de su material que dejaron emocionalmente vulnerables a parte importante de los presentes, que corearon con justicia una mayoría de su setlist. Para cuando ‘Sugar Man’ sonó, el destino del show ya estaba escrito.
A su vez, Tame Impala dio su vuelta olímpica después de un año de éxitos rotundos tanto crítica como comercialmente, y que coronó con versiones de su material, en su mayoría de “Lonerism”, mucho más recargadas hacia el jam e improvisación, dando aire fresco al mismo.
La Roux reunió a un número considerable de asistentes en Mojave Stage y poco importó que Elly Jackson y compañía no promocionen nuevo material y que su presentación esté basada prácticamente en su debut homónimo, la gente bailó cada tema interpretado, celebrando particularmente nuevos temas.
El atardecer correspondió a Vampire Weekend, quienes pareciera quieren ser reconocidos como los Wes Anderson del pop. Con un espejo gigante enmarcando el escenario y columnas romanas dando perfecta simetría, entraron tras el sonido de una orquesta barroca sólo para cortarla de golpe con el riff de ‘Cousins’ y los correspondientes movimientos de Baio. El mosh pit creado durante ‘A-Punk’ solo es muestra de los excesos de adrenalina en Coachella, que durante el final de ‘Walcott’, se convirtió en un mar de fanáticos surfeando.
De unos años a la fecha la presencia de proyectos electrónicos de tornamesas es un must en cada festival y Robbert van de Corput y su proyecto Hardwell no podía faltar. La gente se reunió desde varios minutos antes de que el dj y productor apareciera en el escenario, para cuando Robbert tomó las tornas la gente dio rienda suelta a su hambre de fiesta, ambientada por un show de luces y pantallas de leads que complementaron simbióticamente la música del holandés.
El show visual de Pretty Lights esta al mismo nivel que el de sus sampleos y desmanes electrónicos con la estructura del beat. Teniendo como única regla venerar el momento y pensar consecuencias después, no dudó al sacrificar algo de la calidad de sus transiciones para añadir potencia en gran parte de sus drops, que en su mayoría fueron destructivos y atronadores como ya se le conocen.
Andy McCluskey y Paul Humphreys ofrecieron la semana pasada una presentación memorable en el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México, sin embargo, pisar cualquier escenario en Coachella significa para toda banda echar toda la carne al asador y fue justo lo que OMD hizo durante su actuación en Gobi. Hit tras hit inundaron el show de los ingleses que a pesar de contar con público reducido llamó la atención de todo aquel que pasaba por los límites del escenario utilizando ‘Enola Gay’ como anzuelo.
El Wu-Tang Clan tuvo la mayor cantidad de gente -posiblemente el festival entero-, que con todas sus luminarias, rindieron tributo a los clásicos y a su fallecido compañero ODB más de una vez. RZA tomó la batuta a la hora de liderar a su pandilla, quienes mostraron a todos sus coterráneos californianos cual es la mejor costa. Al final, solo quedo claro que nadie se mete con ellos, y que no hay otra fiesta como una fiesta Wu-Tang.
La expectativa se dejó ver con la presentación de Nick Cave and the Bad Seeds, que llegó con todo y un coro de niños de una facultad de música californiana para agregar inocencia armónica ‘Jubilee’ y otras. Más de una vez cruzó la barda del público para sujetarlos fuertemente de las manos y crear conexión física con ellos. Momentos donde se gritaban las letras de ‘From Her to Eternity’ de manera recíproca y compartían fluidos corporales llevaron a la presentación a ser marcada por la entrega de Cave y su integración del performance con su música.
Red Hot Chilli Peppers no necesitaba más que tocar sus canciones favoritas para que la fiesta iniciara en el cierre de Coachella 2013, pero añadieron su personalidad a la mezcla para que sus fanáticos recibieran una versión mucho mejor de la que sucedió la semana pasada. Dejando atrás la falta de voz que Anthony Keidis había mostrado últimamente, la banda se vio más en su ambiente y no dudó al momento de agregar introducciones improvisadas a sus hits, con un buen trabajo de cooperación entre Flea y el guitarrista Josh Klingoffer.
Dead Can Dance es uno de esos proyectos musicales de culto, destinados a llegar nada más al oído de algunos cuantos. Lo anterior quedó más que comprobado tras el paso de Brendan Perry y Lisa Gerrard por Mojave. Lo cierto es que aunque el público fue escaso, la elegancia y emotividad con la que la banda celebró su paso por Coachella compensó cualquier tipo de detalle.
Los británicos de Disclosure pusieron fin a las actividades en 2013 en Gobi, la dupla electropop demostró que no es casualidad que hayan servido como teloneros de Hot Chip en el pasado y que su sonido terminará por catapultarlos a las grandes ligas. Con un show enérgico completado por un discreto pero contundente juego de luces, Guy Lawrence y Howard Lawrence alzaron la mano para repetir su participación en otra edición de Coachella.
A la salida de Coachella, el público comenzó a gritar y aplaudir aleatoriamente, luciendo como pequeños estallidos de felicidad en la infinita fila hacia los estacionamientos. Esto no sólo da el sentimiento de haber cumplido una meta, sino de haber sido parte de algo relevante, de algo que será recordado en años por venir. 
Se habla mucho sobre el calor y el paisaje rocoso que enmarca el Empire Polo Club en Indio, California, pero hay otro factor que lo determina. Aunque la idea de entrar a un escenario y trasportarse de inmediato al concepto y ambiente ideado por el artista es impresionante por si misma, cuando uno cobra conciencia de que esto sucede en 6 escenarios al mismo tiempo, es donde se entiende todo sobre la magia de Coachella.
El día 2 dio nuevamente experiencias memorables. Guards apostó erróneamente a intentar sus canciones con otro tono menos enfocado y Wild Nothing dio voz al sol californiano con sus frescos sonidos dream pop ochenteros. Savages siguió en boca de todos con un estilo mas agresivo en su post punk en vivo, mientras Danny Brown soltó varias de sus nuevas canciones camino a su 2do álbum por estrenar. Baaur hizo lo posible por ignorar el infame ‘Harlem Shake’, aunque fue inevitable que este sucediera. 2 Chainz provocó el lleno prematuro en el festival con una conglomeración que solo compitió con Major Lazer, que no permitía acercarse a menos de 20 mts del final de la carpa Mojave, y que desinhibió al publico al exigirles tomar su camiseta y arrojarla al aire. Para cuando Café Tacvba salió, el público en general había alcanzado el punto de ebullición necesario para explotar junto con Rubén Albarrán y su infinita energía. Rodeados de paisanos, dieron vuelo con un repertorio dedicado 100 por ciento a complacer con éxitos.
Las vocales barrocas de Grizzly Bear dieron rendición nota por nota de parte importante de “‘Shields” y momentos selectos de su discografía. La falta de performance fue suplida con arreglos agitantes e improvisados en la batería, y que resultó ser el corazón de la presentación. Al competir con The Postal Service y Yeasayer por atención, Spiritualized tuvo un público mucho más modesto, pero integrado por fieles seguidores. Arrancando con la versión de 15 min. de ‘Hey Jane’, dieron rienda suelta a sus momentos más frenéticos tanto de éxtasis como de melancolía, y dieron el mejor uso de un coro de soul en el festival, patrón que ha sido seguido desde por Blur hasta Yeah Yeah Yeahs.
The Postal Service generó el momento más coreado del fin de semana. Las voces cantando ‘Such Great Heights’ se escuchaban a más de 100 mts. del escenario, y se consagró como el himno indie pop que es. Ben Gibbard tomó más de una vez la batería para duplicar la potencia en los ritmos de Jimmy Tamborello.
Jamie xx demostró la fuerza creativa que ejerce sobre su banda, al dividir en dos la presentación. The xx abrió con una mezcla sin parar de 25 minutos de dubstep británico y ambientes al estilo de Burial, en la que Jamie fue la estrella provocando latigazos emocionales en sus beats y convirtiendo el escenario principal en un club alternativo. La segunda parte fue tomada con énfasis en la relacion vocal de Oliver y Romy, que provocaron la locura más sutil y estética posible con una versión de tres minutos de ‘Intro’.
Phoenix hizo todo lo posible para demostrar nuevamente que no es accidente el que su posición sea la más elevada en el cartel de este año, y con un Thomas Mars revolucionado y empujando todo lo posible su barrera con el público, cargo el principio de la presentación con los tracks favoritos para asegurar un ambiente a su favor. Mostrándose en contra del juego de los rumores, ahora nadie los acompañó en el escenario, siendo suficiente sus ganchos pegajosos para mantener lleno el escenario principal.
Sigur Rós fue el último artista de la noche, y dio una experiencia que podría calificarse como extracorporal. Su sonido en vivo hace énfasis en hacer sentir las vibraciones de su post-rock a cualquiera en los alrededores, y en un raro show por su complaciente selección de temas, se vivieron los últimos momentos del día dos ahogándose en las olas emotivas de distorsión de sus canciones recien estrenadas.
Otras bandas: Moby
Hot Chip
En realidad no importa si se trata del segundo o el primer fin de semana del festival, ni tampoco si es la primera visita o la novena (mi caso) al famoso evento musical en Indio, California. Coachella siempre es una experiencia que hay que vivir cada que se pueda y qué mejor que hacerlo en este 2013, en la que podría ser su edición mejor lograda.
Nunca resulta fácil comunicar la experiencia de un evento tan grande en conciertos y happenings. Mientras hay festivales que se limitan a tener escenarios con varias propuestas musicales tocando durante el día, es Coachella uno de los que mejor entienden en el mundo, que la experiencia tiene que incluir muchos otros ingredientes, que van desde lo visual hasta otras opciones de entretenimiento, además de la música.
Hay que decirlo. El festival nunca había sido tan lindo. Las imágenes que te regala hacer una visión 360 en el medio del campo central justo entre el escenario principal (Coachella stage), el Outdoor y los otros tres de siempre (Gobi, Mojave y Sahara), además del pequeño nuevo llamado Yuma, son hermosas para todos los ángulos. Se nota que la organización ha logrado madurar bien el concepto básico de la “ciudad Coachella” y decidieron llevarlo al siguiente nivel. No hay una zona descuidada en ese aspecto, ni tampoco una palmera no iluminada si está a la vista de la gente. El concepto de poder caminar descalzo todo el día en el Empire Polo Field sigue prevaleciendo y aunque los trámites para tomar una cerveza siguen siendo complicados y sigue siendo un festival donde hacer eso mientras ves a tu banda favorita, es casi una utopía, todo se compensa con la impecable estética y organización.
Recordemos que estamos en California en un festival en el medio del desierto. El olor a pasto de ese terreno que ha albergado Coachella desde 1999 a la fecha (con excepción del 2000) se suma siempre a un ya clásico perfume de marihuana (hay que compensar la falta de alcohol), en un evento en el que cada año se ve más piel, y menos ropa en sus acalorados y atractivos asistentes, que también se producen mejor edición tras edición.
La primera jornada del segundo fin de semana, donde no hubo streamings de conciertos online, comenzó muy temprano por ahí de las 11:00 am y terminó pasada la 1:00 am del sábado. Nombres como Youth Lagoon, Stars, Aesop Rock, Johnny Marr, Poliça, Alt-J, Metric y Japandroids, sufrieron un acomodo tempranero de la organización y se enfrentaron a mucho calor y en ocasiones a no tanta gente como pudieron haber tenido en un horario más tarde.
Y como nada puede ser exactamente igual a la semana pasada, como todo en esta vida, Four Tet llegó media hora tarde (venía de Vegas) a su cita en el Yuma, por lo que el dj inglés Pete Tong, tuvo que extender su set hasta que apareció.
Passion Pit mientras tanto hizo lo propio en el escenario principal, mientras el calor disminuía poco a poco y comenzaba a caer la tarde.

Passion Pit – Twitter-
Local Natives le siguió a Of Monsters And Men en el Outdoor stage en la hora perfecta del festival, en el lugar preciso. El atardecer de California ilumina ese escenario siempre como ningún ser humano podría hacerlo y si la banda es la indicada (le ha pasado a Café Tacvba), nadie se olvida de ese momento jamás. Obviamente Local Natives fue la banda indicada la tarde-noche del viernes y nos regalaron un concierto muy emotivo en ambos sentidos. “Somos de L.A. y por eso esta mierda significa tanto para nosotros…” decía Taylor Rice antes de llegar al final del set. La gente aplaudía más y coreaba más fuerte como era de esperar.
Jello Biafra, ex vocalista de The Dead Kennedys se presentó en el Gobi ante poca gente para el nivel de leyenda que es, pero con un set muy contundente repleto de punk y mucha protesta.
El renovado y gigante escenario de música electrónica, Sahara, recibió el poder de Dog Blood, proyecto de Boys Noize y Skrillex que no podía haber reunido más gente, en esa carpa que parecía tomada por Satanás, como una sucursal de los placeres del infierno. Mucho dubstep y muchos sonidos que jamás pensamos llegar a escuchar.
El contraste apareció en escena en el Outdoor con el impecable set de Beach House, en una noche que ya se sentía fresca, contrastante también con el calor que ya para esta hora, había desaparecido por completo. Quizás por eso esa enorme chaqueta de piel de Victoria Legrand, que al lado de Alex Scally y su baterista, nos dieron un set de 50 minutos, preciso, emotivo y con un sonido perfecto, repasando sus cuatro producciones, aunque enfáticos en el sonido de “Bloom” de 2012.
La cátedra vino con Yeah Yeah Yeahs en el mejor show que un servidor les ha visto en años. Se nota de lejos que el resultado de “Mosquito” (que salió recién a la venta) los tiene felices y probablemente mejor entendidos y más acoplados que nunca. Ese carisma perverso de Karen O maduró y creció a un nivel que será leyenda algún día. Brian Chase en la batería no puede dejar de sonreír de lo bien que la pasan, de lo tremendo de su sonido, mientras el escueto Nick Zinner, se concentra como siempre en sacar de forma precisa esos sonidos que distinguen a esta banda y que nos hacen amarlos hoy más que nunca. Gran noche para los neoyorquinos y para los que los vimos.
Purity Ring, profile de 2012 en nuestra revista WARP, se presentó en el Gobi en posición estelar antes de Foals, con escenario repleto y sonido electro / tribal perfecto.
El momento delicado de la jornada llegó con el pobre sonido en vivo y la falta de asistencia del show de los míticos The Stone Roses. Un abuso y desapego de la realidad de parte de quienes los manejan, los expusieron de más en este y el pasado fin de semana, ante un público que en lo general no conoce su historia y por eso no los respeta como debería pasar. Uno de esos casos donde si hubieran tenido un nombre más pequeño en el cartel y hubieran tocado a media tarde en un escenario más pequeño (el Outdoor por ejemplo), la hubieran pasado muy bien.
The Stone Roses se siente desmembrado otra vez en el escenario. Ninguno de sus integrantes le regala una mirada a otro y sus interpretaciones nada tienen que hacer con las canciones que los han hecho una leyenda, por lo menos en el Reino Unido y algunos lugares de Europa. Nada que ver con el otro show festivalero en Benicàssim en España, que pudimos disfrutarles el año pasado, donde seguían con la emoción de su reunión y no tocando por negocio. Triste verlos así, con todo y que varios fans lograron transmitirles su emoción por estar ahí y que muy de cerca, no se percibía la desoladora escena de verlos de lejos.
Dos momentos increíbles compartieron hora en el festival pasadas las 10 de la noche. En el Mojave, Nick Cave y su proyecto Grinderman con un set histórico y con mucha gente emocionada por verlo así, mientras que Foals fue creciendo a lo largo de su set para otra vez acabar con su vocalista en crowd surfing, tocando la guitarra y dejándose querer. Sonaron todos sus sencillos e ‘Inhaler’ de su nuevo disco “Holy Fire” fue el punto más alto de su impecable actuación. Estamos en este caso frente a una banda que ya lo es, pero será muy grande en los años por venir, si continúan este acertado camino en los discos y en los actos en vivo. Recién los vimos en Argentina y Chile… Cada vez mejor.