El arte de Los 101 Dálmatas: del desarrollo tecnológico a una nueva visión de estilo

// Por: Concepción Moreno

jue 10 junio, 2021

Cuando se ve por primera vez la versión animada de Los 101 Dálmatas: La Noche de las Narices Frías  (1961), varias cosas saltan a la vista: su estilo innovador, su textura distinta a la de otras películas de Disney. ¿A qué se debe esto? A una concatenación entre desarrollo técnico y dos genios de la animación y la ilustración.

Primero, la parte técnica: Los 101 Dálmatas se ve con esa textura tan particular, entre lóbrega y tersa, llena de ángulos y líneas gruesas, porque es la primera cinta animada de la historia que utilizo fotocopias Xerox para reproducir los miles de dibujos que conformaban en aquel entonces las escenas de las películas animadas. El cambio ayudó a producir películas que de otra manera resultaban imposibles, por su presupuesto y el tiempo de producción. Pero de manera sorpresiva, una de las consecuencias fue la creación de una nueva forma visual.

Recordemos que Los 101 Dálmatas es el primero de los llamados clásicos de Disney ubicado en una época contemporánea; se requería una mirada fresca sobre ese background. El resultado da una cinta que, por estas cualidades técnicas, se ve extraña, única. Ha influido en decenas de cintas posteriores que de muchas maneras han tratado de reproducir los mismos efectos inesperados con el cambio tecnológico. La misma técnica se puede ver en otras películas como Los Aristogatos o El Libro de la Selva.

Dos artistas visuales que cambiaron la historia de la animación

Muchas generaciones de cinéfilos en ciernes se han maravillado con el estilo visual de la cinta. Es la primera cinta animada de Disney en suceder en el siglo XX, es una historia donde la villana está obsesionada con la moda y está basada en una novela contemporánea. Todo eso influyó en el estilo tan peculiar de Los 101 Dálmatas.

Los Nine Old Men eran un grupo de animadores escogidos personalmente por Walt Disney para ser los líderes en la sala de animación estaban felices con el nuevo cambio tecnológico, pero hacía falta una visión estilística diferente para darle contemporaneidad a la película.

Y entonces aparecen dos genios de la ilustración y el color: Ken Anderson y Walter Peregoy. Anderson era el director de arte y jefe de la animación de la cinta. Cuando Anderson llegó a Disney, en los años 30, se convirtió en el factótum de Walt Disney: hacía animación, diseñaba escenarios, dibujaba storyboards, en fin.

Poco a poco Anderson fue convirtiéndose en el estilista más importante de los estudios. Disney no siempre aprobaba sus experimentos visuales, pero solía darle carte blanche para trabajar sus sketches como él quisiera. Su estilo también es notorio en El Libro de la Selva. Su forma de ver las cosas, tan particular, permea cada uno de sus trabajos: su sentido del humor, su interés casi sinestésico por la música, su idiosincrasia con las imágenes únicas.

Anderson reclutó personalmente a Walter Peregoy para hacer los sketches de Los 101 Dálmatas y finalmente acabó haciendo el diseño de color de la cinta. Su acercamiento al arte visual de la película es todo menos convencional. Colores lóbregos ahí donde las películas de Disney brillaban con colores brillantes; su uso de dos estilos en la misma película es revolucionario: la simplicidad de las líneas en las escenas de los protagonistas contra el exceso en el personaje de Cruella de Vil.

Anderson y Peregoy le dieron a Los 101 Dálmatas una personalidad propia que las cintas anteriores de la casa Disney no tenían. Hoy en día, 60 años después de su estreno, podemos seguir viendo su influencia en las nuevas películas animadas. Con el estreno de Cruella, el estilo de la película original aparece como inspiración y nueva obsesión de los fanáticos diletantes del estilo Disney.