Maquinaria Festival en el D.F.

// Por: Staff

vie 2 noviembre, 2012

Artista: Slayer, Mastodon, Cavalera Conspiracy y Resorte

Lugar: Arena Ciudad de México

Fecha: 01 November 2012

**Día 1**

El día estaba muerto. Solo algunas almas deambulaban por aquel cementerio: “Qué bueno que estén con nosotros en un festival tan cabrón como el Maquinaria” se le oyó decir, como una voz omnipresente, al vocal de Resorte, Tavo –dos bajos, cuatro hombres– a aquellos que detuvieron su cabizbajo andar para escucharlos. Descartes a Kant abrió el concierto que festejó la ausencia de vitalidad, y Resorte, segundos en tocar, trataron de elevar la temperatura de ese día helado con ‘Caliente’. Quienes estaban ahí los miraron de pie, frente a los hombres de amarillo que protegían la valla de contención y que parecían ser más que ellos; de pronto un pequeño círculo se formó en medio de la ‘República De Ciegos’, se chocaban los unos contra los otros, golpeándose bajo los acordes nü metaleros de la banda. Pero las cosas (‘Aquí No Es Donde’) pronto se volvieron a morir.



La oscuridad era esperanzadora: a Max Cavalera lo vitorearon antes de salir al escenario como a un dios de la guerra sediento de víctimas. ‘Warlord’. Barba y cabello rojizos, su voz retumbó ecos por los recovecos del recinto que seguía sin llenarse. Detrás de él, su hermano Igor apenas se escuchaba en las primeras canciones. El “Maldito X”, Tony Campos, estaba a las cuatro cuerdas y Marc Rizzo engalanó la guitarra líder. ‘Inflikted’. “¿Qué pasa ciudad de México?”, les preguntó Max antes de tocar ‘Refuse/Resist’, que recobró en los hermanos Cavalera el poderío que 28 años atrás tuvieron al fundar Sepultura; la gente, aquellos que hasta ese momento solo eran zombies, respondió con dos slams a la vez. ‘Sanctuary’ mantuvo la energía al límite y hermanó aquellas almas voladoras en un salto conjunto y continuo; fueron los mismos quienes en un coro brutal gritaron “War for Territory”. La bandera brasileña detrás presenció toda la masacre. Campechanearon a Sepultura con el material reciente de Cavalera Conspiracy: “Blunt Force Trauma”. Ritchie Cavalera, el hijo de Max, cantó con él ‘Black Ark’ –pero no se escuchó–, y entonces las luces amarillas, áridas, anunciaron el terreno: ‘Arise/Dead Embryonic Cells’. Pero el final, y para culminar el honor a las raíces, fue ‘Roots Bloody Roots’.





“Feliz día de los muertos” y Troy Sanders anunció a Mastodon. Pintados de sus rostros como esqueletos, iniciaron su participación en el Maquinaria Festival: ‘Crystal Skull’. La bestia de tres mandíbulas, portada de su último disco (“The Hunter”)  los miraba por detrás. La gente se dispersó a lo ancho de la Arena Ciudad de México (que nunca alcanzó su máxima capacidad: fueron 6 mil 800 cuando caben 22 mil espectadores) para escucharlos, relajados –algunos de pie, otros sentados en las orillas– como la música que en el escenario se ejecutó. ‘Dry Bone Valley’. Con Mastodon fue el sonido el que sonó lejano, sin vida, repercutiendo en la reacción de la gente que fue igual. En ‘Crack The Skye’, la voces sonaron hasta el cielo, opacando a todos los instrumentos, y fue hasta ‘Spectrelight’ y ‘Blood And Thunder’ que el slam se apareció como ofrenda de sangre a su despedida: “Mexico City, los queremos, somos Mastodon”.





AC/DC sonaba en las bocinas mientras un cráneo (con el logo de la banda sobre él) se erigía detrás del escenario: la imagen perfecta para un día de muertos. Aquel lugar era el purgatorio donde las almas esperan su sentencia: el infierno es su condena y su elección. ‘Disciple’ sonó descompuesta, o Gary Holt o Kerry King tuvieron problemas en la ecualización. Importó poco: la gente ya estaba enloquecida. La batería transparente de Dave Lombardo permitió a todos ver cada uno de sus golpes: unos iban directo al rostro, otros al cuello: ‘War Ensemble’. Fue la guerra la que resucitó algunos muertos de la anterior banda, y ‘Dye By The Sword’ despachó a aquellos que aún poseían un aliento de vida. Sonó ‘Hate Worldwide’ y la única ovación de la noche fue para Slayer. Santo Tomás de Araya presidió la ceremonia y cantó como nunca –y hasta en orden distinto– su set list. ‘Spirit in Black’, ‘Epidemic’. “¿Pasan un tiempo bueno?” se dirigió a sus seguidores, a quienes agradeció su asistencia, para luego encomendarles las siguientes oraciones: ‘Mandatory Suicide’, ‘Jesus Saves’. ‘Seasons In The Abyss’ les recordó a todos que en el abismo solo se está una temporada, quizá solo unas horas, por lo que necesitaban paciencia. ‘Hell Awaits’. “You wanna die?” “Yeeees”, le respondieron a Tom. Entonces sonó ‘Postmortem’ y lo que eran tres slams terminó siendo uno, formando una serpiente que partió en dos a la gente. Por ellos llegó el ángel de la muerte y el escenario de pronto cambió: un águila gigante se posó detrás. Quizá ya era el paraíso. ‘South Of Heaven’. Ahí bailaron una danza mortal debajo de una lluvia de sangre. “Buenas noches, adiós”, se escuchó decir.