El tercer día de Coachella no es lo que se podría imaginar en cuanto a tristeza y trauma postfestival. Desde el principio, el drama queda a un lado para vivir al máximo las últimas horas, quedando todavía decenas de artistas esperando su turno. El único sentimiento que se siente en el aire es el de querer terminar el fin de semana agotando las ultimas reservas de energía, sin pensar que el lunes siquiera exista.
Smith Westerns dio muestra en vivo de su nuevo sencillo, ‘Varsity’, y más material de “Soft Will’”, a estrenarse en junio, y Cloud Nothings dio la rendición de diez minutos de ‘Wasted Days’, creando emociones entre la bruma de distorsión. The Oh Sees es una de las bandas mas energéticas en vivo de esta década, y lograron que el público se llenará de golpes y empujones al ritmo de su garage rock desmedido, mientras DIIV convertía una vez más el dream pop que suena en su disco de estudio en post-punk golpeado y latente, siendo mucho más atractivo a la hora de dar vueltas con sus guitarras.
Jessie Ware se encuentra en las primeras semanas del arranque de su conquista de América, con “Devotion” estrenado en estas tierras y el sencillo ‘If You’re Never Gonna Move’, que es solo ‘110%’ con otro nombre por cuestiones legales. Su énfasis en la cadencia de su voz y una banda que se sacrifica por tener el groove perfecto cautivaron a mucho viejos y nuevos fanáticos. Grimes hizo sufrir al escenario Gobi al reunir más gente de la que cabe dentro, y en un mar de sudor, dio vida de día a un show nocturno, y junto con sus bailarinas de apoyo, mantuvo al público en un estado de alerta, reventado con sus hits ‘Genesis’ y ‘Oblivion’.
James Blake no podía parar de sonreír en su presentación, y con el seguimiento que se le ha dado por todos lados a su nuevo álbum “Overgrown”, por donde se le vea se encuentran razones para esto. La experiencia de verlo en vivo es mucho más relevante en un festival con un sistema de sonido como Coachella, porque el bajo de ser un instrumento para convertirse en una sensación corporal. El coro de ‘Limit to Your Love’ hizo vibrar cada parte del cuerpo, dando la idea de que algo estaba a punto de hacer erupción. Y así fue, porque minutos después, RZA sorprendió todos al salir al escenario y ejecutar su track con James Blake ‘Take a Fall for Me’, dedicándoselo directamente a una chica en el escenario.
Recibido como ídolo, Rodríguez gozo de una ovación durante todo su trayecto al pie del micrófono, y una vez ahí agradeció por el gesto antes de entregarse de lleno a unas rendiciones de su material que dejaron emocionalmente vulnerables a parte importante de los presentes, que corearon con justicia una mayoría de su setlist. Para cuando ‘Sugar Man’ sonó, el destino del show ya estaba escrito.
A su vez, Tame Impala dio su vuelta olímpica después de un año de éxitos rotundos tanto crítica como comercialmente, y que coronó con versiones de su material, en su mayoría de “Lonerism”, mucho más recargadas hacia el jam e improvisación, dando aire fresco al mismo.
La Roux reunió a un número considerable de asistentes en Mojave Stage y poco importó que Elly Jackson y compañía no promocionen nuevo material y que su presentación esté basada prácticamente en su debut homónimo, la gente bailó cada tema interpretado, celebrando particularmente nuevos temas.
El atardecer correspondió a Vampire Weekend, quienes pareciera quieren ser reconocidos como los Wes Anderson del pop. Con un espejo gigante enmarcando el escenario y columnas romanas dando perfecta simetría, entraron tras el sonido de una orquesta barroca sólo para cortarla de golpe con el riff de ‘Cousins’ y los correspondientes movimientos de Baio. El mosh pit creado durante ‘A-Punk’ solo es muestra de los excesos de adrenalina en Coachella, que durante el final de ‘Walcott’, se convirtió en un mar de fanáticos surfeando.
De unos años a la fecha la presencia de proyectos electrónicos de tornamesas es un must en cada festival y Robbert van de Corput y su proyecto Hardwell no podía faltar. La gente se reunió desde varios minutos antes de que el dj y productor apareciera en el escenario, para cuando Robbert tomó las tornas la gente dio rienda suelta a su hambre de fiesta, ambientada por un show de luces y pantallas de leads que complementaron simbióticamente la música del holandés.
El show visual de Pretty Lights esta al mismo nivel que el de sus sampleos y desmanes electrónicos con la estructura del beat. Teniendo como única regla venerar el momento y pensar consecuencias después, no dudó al sacrificar algo de la calidad de sus transiciones para añadir potencia en gran parte de sus drops, que en su mayoría fueron destructivos y atronadores como ya se le conocen.
Andy McCluskey y Paul Humphreys ofrecieron la semana pasada una presentación memorable en el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México, sin embargo, pisar cualquier escenario en Coachella significa para toda banda echar toda la carne al asador y fue justo lo que OMD hizo durante su actuación en Gobi. Hit tras hit inundaron el show de los ingleses que a pesar de contar con público reducido llamó la atención de todo aquel que pasaba por los límites del escenario utilizando ‘Enola Gay’ como anzuelo.
El Wu-Tang Clan tuvo la mayor cantidad de gente -posiblemente el festival entero-, que con todas sus luminarias, rindieron tributo a los clásicos y a su fallecido compañero ODB más de una vez. RZA tomó la batuta a la hora de liderar a su pandilla, quienes mostraron a todos sus coterráneos californianos cual es la mejor costa. Al final, solo quedo claro que nadie se mete con ellos, y que no hay otra fiesta como una fiesta Wu-Tang.
La expectativa se dejó ver con la presentación de Nick Cave and the Bad Seeds, que llegó con todo y un coro de niños de una facultad de música californiana para agregar inocencia armónica ‘Jubilee’ y otras. Más de una vez cruzó la barda del público para sujetarlos fuertemente de las manos y crear conexión física con ellos. Momentos donde se gritaban las letras de ‘From Her to Eternity’ de manera recíproca y compartían fluidos corporales llevaron a la presentación a ser marcada por la entrega de Cave y su integración del performance con su música.
Red Hot Chilli Peppers no necesitaba más que tocar sus canciones favoritas para que la fiesta iniciara en el cierre de Coachella 2013, pero añadieron su personalidad a la mezcla para que sus fanáticos recibieran una versión mucho mejor de la que sucedió la semana pasada. Dejando atrás la falta de voz que Anthony Keidis había mostrado últimamente, la banda se vio más en su ambiente y no dudó al momento de agregar introducciones improvisadas a sus hits, con un buen trabajo de cooperación entre Flea y el guitarrista Josh Klingoffer.
Dead Can Dance es uno de esos proyectos musicales de culto, destinados a llegar nada más al oído de algunos cuantos. Lo anterior quedó más que comprobado tras el paso de Brendan Perry y Lisa Gerrard por Mojave. Lo cierto es que aunque el público fue escaso, la elegancia y emotividad con la que la banda celebró su paso por Coachella compensó cualquier tipo de detalle.
Los británicos de Disclosure pusieron fin a las actividades en 2013 en Gobi, la dupla electropop demostró que no es casualidad que hayan servido como teloneros de Hot Chip en el pasado y que su sonido terminará por catapultarlos a las grandes ligas. Con un show enérgico completado por un discreto pero contundente juego de luces, Guy Lawrence y Howard Lawrence alzaron la mano para repetir su participación en otra edición de Coachella.
A la salida de Coachella, el público comenzó a gritar y aplaudir aleatoriamente, luciendo como pequeños estallidos de felicidad en la infinita fila hacia los estacionamientos. Esto no sólo da el sentimiento de haber cumplido una meta, sino de haber sido parte de algo relevante, de algo que será recordado en años por venir.